El enfado en los niños: Pasos para gestionarlo de forma positiva

Este post está escrito hace tiempo. El enfado es algo que suelo trabajar muy habitualmente con “mis amigos y amigas de diferentes años” y sus papás en la consulta. Quería rescatarlo porque, en estos tiempos que nos ha tocado vivir, creo que es una de las emociones que puede estar más presente en nuestras casas tanto por los más pequeños como por los más mayores.

He retocado algunas cosas para poder adaptarlas a nuestro estado pandémico. Y además he incluido el siguiente video con 5 pautas que os ayudarán a manejarlo. Espero que lo disfrutéis: (también lo tenéis en Instagram, Facebook y LinkedIn)

Por lo general, existe la creencia, sobre todo en los niños, de que “enfadarse” es algo negativo, algo que tenemos que evitar. Sin embargo, el enfado, es la manera que utilizamos para poner límites y espacio, defender nuestros derechos respetando los de los demás (ser asertivos), al mismo tiempo que somos sinceros con nosotros mismos. Por tanto, no debemos evitar enfadarnos sino aprender a hacerlo de forma respetuosa con los demás y con uno mismo también. 

Debemos comprender que, según la edad que tengan las niñas/os, les resulta costoso expresar  verbalmente lo que sienten o quieren como lo haríamos los adultos. Esto es debido a que su vocabulario y el manejo del lenguaje todavía es limitado, sin olvidar que su cerebro prefrontal o neocortex (el área del cerebro que se encarga de los procesos racionales, la planificación y el autocontrol, entre otras destrezas) está desarrollándose y no es lo suficientemente “poderosa” como para controlar al “cerebro emocional” que, en un enfado, está a pleno rendimiento. Por eso, es bueno enseñarles a reconocer sus emociones y a expresarlas de una manera sana.

Cuando un niño tiene una explosión de enfado es positivo expresarle lo que le está sucediendo, nombrándole la emoción y describiendo su compartimiento, al mismo tiempo que darle estrategias para canalizar ese enfado de manera constructiva.

Por ejemplo, “Javi, veo que estás enfadado porque estás gritando mucho, lloras y no estás haciendo lo que te he pedido. Me da la sensación que no te gusta o no te apetece hacer lo que te he dicho. Bueno, es normal, a mí también me pasa, hay veces que no me gusta hacer determinadas cosas y me enfadan. ¡Y me enfadan mucho! Pero intento no hacer daño a nadie y estar más tranquila para poder buscar una solución” 

Sí, lo sé… esto es muy bonito y muy utópico. Sé que mientras estás diciendo eso y has logrado entrar en una esfera “zen”  (que ni te la crees) para poder soltar este speech, el pequeño/a criter está gritando y echando fuego y cucarachas por la boca. Solo puedo decirte que si has conseguido llegar a esta fase siéntete MUY TOP porque es muy difícil de manejar.

Y para subir al siguiente nivel, sigue con el speech en esta línea:

“Si quieres lo hablamos cuando estés más tranquilo. Podemos buscar un sitio donde puedas relajarte tú solo o los dos juntos, te puedo dar un abrazo, puedes respirar profundamente … y cuando veamos que estas más sereno lo hablamos y lo solucionamos” 

Y aquí ya te coronas. ¡¡TACHÁN!!

La clave está en la EMPATÍA. Piensa en tus propios enfados. En esos momentos lo que menos te ayuda es alguien que te grita o te dice que lo estás haciendo mal (ojo que con esto no quiero decir que seamos condescendientes con algunas actitudes). Tampoco hay que ponerse como meta convirtamos en robots y controlar a la perfección nuestros propios nervios. Somos humanos y lo hacemos mal, forma parte del aprendizaje y de vivir.

Cuando nos enfadamos decimos las cosas que no nos gustan, “despotricamos”  o no, depende de la persona, y después…nos calmamos y podemos pensar con claridad. Los niños/as también necesitan eso. No solo lo necesitan sino que necesitan aprenderlo.

¿Y ahora?…¿Qué hacemos ahora después de tanto tiempo todos juntitos? De multitud de confinamientos, cuarentenas, Filomenas….

Solo puedo deciros que os entiendo, que yo también soy mamá y lo hago mal. Pero, sobre todo, pensad en vuestros hijos. Pensad que, junto con vosotros, están viviendo algo que no nos podíamos ni imaginar y que nos necesitan, sobre todo cuando están enfadados, como cuando tú te enfadas y necesitas que te escuchen, te ayuden y te consuelen.

Es probable que ahora tengamos nuestras emociones a flor de piel. Sí la paciencia se acaba. Pero no se acaba el amor por nuestros hijos. Si se enfadan y tú detrás de ellos o viceversa y os equivocáis, pedir perdón y la siguiente vez lo haréis mucho mejor.

Si somos capaces de perdonar nuestros errores, seremos capaces de perdonar los de nuestros hijos.

Carmen Marco

Psicóloga de aprenderT

Miedos en los niños y adolescentes

Estamos viviendo una época donde más que nunca el miedo está presente en nuestras vidas. Miedo a la incertidumbre, a enfermar, a quedarnos sin trabajo, a estar solos y no ver a nuestros seres queridos…. miedo a que no vuelva a quedar papel higiénico o levadura en el supermercado… 😛

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Los niños y adolescentes han adquirido también en este tiempo miedo a cosas que tal vez nunca se hubieran tenido si no estuviéramos viviendo esta pandemia.

El miedo, como cualquier otra emoción, tiene una función. El miedo nos ayuda a protegernos frente a los peligros y nos prepara para huir o para defendernos. En la infancia y adolescencia forma parte del desarrollo evolutivo, al igual que se va desarrollando el lenguaje, las habilidades motrices o el desarrollo cognitivo. En este sentido, el miedo también es un buen indicador cognitivo, por ejemplo, que tengan miedo a los extraños indica que ya saben distinguir caras familiares de las no familiares.

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Está claro que como papás y mamás no nos gusta ver a nuestros niños y adolescentes sufrir y pasarlo mal. Ese sentimiento, precisamente, puede hacer que nosotros también adquiramos miedo a su miedo y nos volvamos algo “torpes” ante esas situaciones sin saber  cómo poder ayudarles de forma adecuada.

Lo principal es tomar conciencia de si ese miedo está dentro de lo esperado para su edad y si su intensidad y frecuencia también está dentro de un orden. A lo largo del post tenéis los miedos típicos por grupos de edad.

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También os dejo 3 claves que os pueden ayudar a aclarar si estamos ante un miedo “normal” o algo más complejo:

  • Suelen ser transitorios y cambian relativamente rápido
  • Son típicos y compartidos por otros niños/adolescentes
  • No son limitantes, es decir, no interfieren significativamente en el funcionamiento cotidiano

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Si en cambio comenzáis a notar que el miedo es desproporcionado (porque la situación no es amenazante o peligrosa), irracional o interfiere en la vida cotidiana del niño, podéis estar delante de una fobia. En este caso acudid a un especialista que os asesore y oriente para lograr superarla con éxito.

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No quiero acabar sin plasmar dos ideas importantes.

La primera de ellas es acordarnos siempre de VALIDAR la emoción que nos están comunicando. En muchas ocasiones se nos escapa un “no tengas miedo”. Y ahí nos quedamos. Con lo cual yo me imagino que el “amigo de x años” que tenemos delante pensará “muy bien, ya está solucionado. ¡Menudo cachondo mi padre/madre!”. Seguro que se sienten mucho mejor y conectamos con él/ella de forma más fácil si lo cambiamos por un “entiendo que tengas miedo, yo estoy contigo”.

Y segundo, seamos conscientes de que muchas veces tenemos MIEDO AL MIEDO. Pensamos que lo vamos a pasar terriblemente mal, que no tenemos estrategias, que es una situación inabarcable para nosotros pero…. todavía no la tenemos encima y ya estamos muy asustados y sin energía. Al miedo hay que vencerlo pasando por él y seguro que encontramos estrategias para hacerlo de la forma menos desagradable posible. 🙂

Si ahora estás viviendo una situación de miedo importante, te mando mucha energía y la seguridad de que si buscas en tu interior, con o sin ayuda, lo afrontarás con éxito. ¡Ánimo!

Carmen Marco

Psicóloga de aprenderT

Mi hijo se porta mal … ¿qué hago?

Esta frase nos  resulta familiar ¿verdad? “Mi hijo/a se porta mal”

Así comienzan algunas de mis sesiones en consulta. A lo que yo continuo diciendo (siempre con una sonrisa porque sé lo que me queréis decir): ¿y qué es portarse mal? Defínemelo.

Generalmente se sintetiza en desobediencia, mucha inquietud motora y una conducta algo “rebelde”. Pero todos estos comportamientos hay que contextualizarlos. Y aquí es donde se encuentran las claves de muchas herramientas que nos pueden ayudar a entender el por qué de ese “mal comportamiento”.

Os voy a explicar el mismo ejemplo que utilizo con los niños/as que se autodefinen como que “se portan mal”. Imaginemos que estamos en un parque. Correr, saltar e incluso gritar, pueden ser comportamientos propios de una niña o un niño en esa situación. Sin embargo, esas mismas conductas en otro entorno, por ejemplo, en clase, no son tan adecuadas.

Por eso es tan importante, definir cuál es el comportamiento que nos preocupa, en qué lugares se da, cuándo, con quién…vamos… ¡un buen tercer grado!

Este análisis debemos enfocarlo como una reflexión sobre esos “malos comportamientos” en busca de posibles soluciones y no como un estancamiento dentro de ese problema. Es decir, no vamos a rumiar lo mal que se porta nuestro hijo o hija sino buscar cómo poder ayudarle y por qué se porta así. Porque lo que ahora voy a decir ahora me parece muy importante. NINGÚN NIÑO ES BUENO O MALO, eso es una etiqueta que le ponemos las personas que les rodeamos.

Una vez hecho ese análisis digno de CSI …os voy a presentar algo muy transgresor….

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¡Qué locura ehhh! ¿Os imagináis que toda la solución estuviera en el tarro de macarrones??

Este tarro de macarrones es solo una idea, como cualquier otro recurso que seguro que se os ocurrirá cuando os explique en qué consiste. Además, este tarro de macarrones, también representa el éxito de Asier y sus papás, que han sido muy generosos en prestarme su historia y “su tarro”.

Alrededor de este tarro está la siguiente receta:

  • Tiempo Juntos
  • Refuerzo positivo
  • Convertir lo abstracto en concreto
  • Motivación
  • Tolerancia a la Frustración

El primer ingrediente es el más importante, porque es el reforzador más potente de un niño/a, pasar tiempo con sus papás. En este caso, “Tiempo Juntos” se traduce en dedicar un rato de reflexión al día donde hablar de las cosas que hemos hecho bien y que nos han gustado mucho, este es el segundo ingrediente de nuestra receta, “Refuerzo Positivo”. También hablaremos de las cosas que no nos han gustado tanto, porque en ese momento de serenidad y “buen rollito” el cerebro de nuestro hijo/a sí está preparado para escuchar cómo puede hacerlo mejor.

El tercer ingrediente, “Convertir lo abstracto en concreto”, consiste en transformar ese refuerzo positivo en algo tangible (un macarrón) que valoramos y tenemos presente para conseguir una meta, que es nuestro cuarto ingrediente, la “Motivación”. Esa meta es pasar más tiempo juntos haciendo cosas divertidas. En el caso de Asier y su familia pusieron rayitas en el tarro para conseguir contar un cuento, jugar al escondite o hacernos cosquillas.

Y por último, el quinto ingrediente, la “Tolerancia a la Frustración”. Esta se irá aprendiendo durante el “Tiempo Juntos” de reflexión que tengamos con nuestro hijo/a cuando su expectativa sea meter un macarrón y no pueda hacerlo.

Este es sólo un recurso de los muchos que podemos utilizar. No es un chantaje de “si te portas bien , te doy un premio”, si no un instrumento que nos ayuda a dedicar ese tiempo de reflexión donde poder ayudar al niño a “portarse mejor”. Porque necesitan tener éxito y experimentarlo (por eso “Convertir lo abstracto en concreto”) para poder repetirlo. Con el tiempo, todo esto se desvanecerá o no… a lo mejor “El tarro de macarrones” se convierte en un reto de toda la familia por conseguir algo todos juntos.

Resumiendo:

  • Vuélvete Grissom y define el problema
  • Dedica tiempo junto a tu hijo

Y, como siempre os digo, si no veis solución, acudir a un especialista. Mi “Amigo de 3 años”, Asier, lo hizo y tanto él como su familia han experimentado un cambio muy positivo.

Carmen Marco 

Psicóloga de aprenderT

 

Cuatro pasos para explicar a los niños las salidas después del confinamiento

Después de más de un mes confinados, este domingo 26 de abril dejarán, por fin, salir a los niños y niñas a dar un paseo siguiendo la regla de los cuatro 1:

  • Alrededor de 1 km del domicilio
  • Acompañados de 1 adulto con el que conviven (que puede ser un hermano mayor)
  • Un único paseo
  • 1 hora de duración

¿Cómo se lo planteamos a los niños ¿Y si tienen miedo? ¿Y si el miedo es mío porque no sé si me va a hacer caso? Seguro que hay más dudas sobre cómo vamos a abordar las salidas.

Os dejo cuatro recomendaciones para poder preparar a las niñas y niños para este momento, sin antes olvidar que, en líneas generales, los niños y niñas han llevado el confinamiento como unos auténticos CAMPEONES y CAMPEONAS, dándonos grandes lecciones a los adultos e incluso sacando fuerza y positividad en los momentos que nosotros no la encontrábamos.

¡¡Allá vamos!!

1- Informar a los niños de la situación actual y qué nos supone a nosotros en cuanto a seguridad.  Podemos hacerlo de muchas maneras; podemos hacerles sabios expertos inundándoles con programas monográficos de la noche a la mañana y complementarlo con artículos de interés, podemos ponerles todas las ruedas de prensa que nos han dado… o mejor… podemos explicarles de forma breve, sencilla y con un vocabulario adaptado a su edad que este virus es “muy completito” y nos contagia de forma muy rápida a través de las manos tocándonos, por ejemplo, la cara. Debemos explicarles que hay que intentar tocar sólo nuestras cosas, y que papá y mamá se encargarán de abrir puertas y ascensores. Además hay que confiar en que ellos ya saben muy bien cómo hay que lavarse las manos, y si no, es un momento estupendo para aprender cómo hacerlo.

2- Explicarles qué van a ver o qué se van a encontrar cuando salgan: Lo primero que les llamará la atención, como nos ha pasado a todos, será ver a casi todo el mundo con mascarillas, pero también nos preguntarán por los espacios entre las personas en las colas, o ver las plazas, parques o calles vacías donde antes había mucha gente. A algunos niños, sobre todo aquellos que son muy observadores o que están muy suspicaces con la situación, éstos cambios les pueden chocar mucho, así que debemos anticiparles lo que se van a encontrar. Esto les ayudará a sentirse más seguros y tranquilos, sobre todo, si cuando se lo explicamos lo hacemos desde la “normalidad” y que esos gestos los hacemos para ayudarnos y protegernos entre todos.

3- ¿Qué deben de hacer ellos? Y ahora sí, es el momento de darles las instrucciones necesarias para poder salir y disfrutar de nuestro paseo.

La clave para mi, está en hacerles ver lo importante que son ellos, los niños y niñas, en la lucha contra “el bicho”.  Debemos hacerles hincapié en que el virus está sobretodo en las gotitas que salen de nuestra boca y por eso es tan importante la distancia social. También debemos explicarles que deben tocar sólo sus cosas y que cuando lleguemos a casa lo primero que tendremos que hacer será lavarnos las manos. En en este enlace explican muy bien cómo son las normas de higiene y cuidado para las salidas.

Algunas ideas para hacer más divertidas todas estas instrucciones pueden ser jugar a los magos, hadas o superhéroes con poderes mágicos a los que nadie se puede acercar. Otro juego interesante, puede ser pactar claves o contraseñas divertidas para que ellos también nos avisen a nosotros cuando nos saltemos, sin querer, estas normas. Así, además de sentirse nuestros “ayudantes”, les mantendremos atentos a las condiciones del paseo.

¡Muy importante! Para saber que han entendido bien lo que deben de hacer, pedidles que os lo repitan.

También debemos estar preparados para el momento en que se salten alguna norma, que llegará. Ahí será importante mantener la calma y explicárselo tranquilamente. Repetirles las normas y hacerlas con ellos es una buena solución. Los niños aprenden mucho más por lo que observan que por lo que se les dice.

En el caso de que estén muy muy excitados y veamos que no se van a poder controlar, es mejor regresar a casa, y cuando estén calmados, hablar sobre lo que ha ocurrido y preparar la salida de mañana, dando por sentado que lo van a hacer fenomenal.

4- Y por último… ¡disfrutad!. Llevamos muchos días deseando que llegue este momento, así que hagamos de él un ratito agradable y lo más tranquilo posible. Seguro que todos estaremos algo nerviosos, pero si somos capaces de vivirlo con positividad y siguiendo las recomendaciones no tiene por qué pasar nada.

Por último, si vosotros o los niños, no os sentís preparados porque os da miedo, pedid ayuda para que os asesoren cómo puede ser la mejor manera de llevarlo a cabo en vuestro caso, y si aún así no os sentís seguros, no os preocupéis, esperad unos días a estar más tranquilos para poder abordarlo más adelante y así poder disfrutar del momento.

¡Ánimo! Somos geniales y estamos pudiendo.

¡Ya nos queda menos!

Carmen Marco

Psícóloga de aprenderT

Cuándo y cómo elegir un profesor particular

Son muchos los papás que os encontráis angustiados con las notas de vuestros hijos, con un rendimiento que no ha mejorado en las evaluaciones anteriores o con la preocupación de que sus resultados son “raspados” y existe la posibilidad de repetir.

Bien, ante todo TRANQUILOS, pensad por un momento qué grado de importancia tiene este asunto. Por supuesto que es algo que debe preocuparos, pero en la medida necesaria y justa, así podremos encontrar soluciones.

Una de ellas es buscar un profesor particular. Mi objetivo es dar respuestas a las dudas con las que me he idaencontrando en mi experiencia profesional y que os pueden guiar para tomar una determinada decisión.

La labor que realiza un profesor particular es muy valiosa para los niños, ya que es una atención exclusiva, donde él mismo va marcando el ritmo y se hace hincapié en lo que le resulta más complicado o no ha comprendido en el colegio. Pero bien, ¿esto beneficia a todos los niños?…Pues he podido comprobar que no es así.

Se debe de hacer una reflexión sobre la causa del fracaso escolar. Como padres es bueno que escuchéis a los maestros y tutores de la escuela de vuestros hijos ya que, indudablemente son expertos en educación, pero también pasan muchas horas con ellos. Los maestros os van a dar una visión sobre las dificultades que el niño está presentando, qué áreas son las que les cuestan y cuál es su motivación y actitud ante los estudios. Del mismo modo los orientadores escolares os van a guiar en este sentido.

Con esa información que, o bien habéis recibido, o bien habéis detectado vosotros mismos desde casa, hay que localizar dónde reside el problema. En muchas ocasiones el niño comenta que en clase “no entiendo nada” o “el profesor no explica bien”. Primera pregunta que os debéis formular ¿esto ocurre en todas las asignaturas?

Si así fuera tenemos que tener en cuenta en qué curso se encuentra el niño y como han sido las trayectorias en cursos pasados. Si la trayectoria anterior ha sido buena y se ha producido un bajón hay que averiguar qué es lo que ha podido cambiar, por ejemplo, el cambio de ciclo educativo, un cambio en los profesores (ha pasado de tener un profesor a tener cinco, uno por cada asignatura), o quizás a nivel personal hay algo que le esta interfiriendo.

Si por el contrario en cursos anteriores ha ido “flojillo”, la causa principal puede residir en su motivación, dificultades en algún área del aprendizaje o una falta de hábitos y estrategias para el estudio y el trabajo diario.

En estos casos mi recomendación es que un profesor particular no es efectivo porque su cometido es enseñar conceptos, aspectos  que no comprende.

Se necesita entonces un profesional cualificado que le ayude a resolver lo que le interfiere en su rendimiento, adaptarse al cambio, dotarle de estrategias de aprendizaje adecuadas o una rutina y técnicas de estudio. Es preciso entonces una terapia de apoyo centrada en  los procesos que intervienen en estos asepectos.

Por el contrario cuando la dificultad la observamos sólo en un área, por ejemplo, el análisis morfosintáctico de lengua, las fracciones en matemáticas o la composición de frases en inglés, ahí sí que la ayuda de un profesor particular es muy beneficiosa.

 En resumen:

  • Es bueno consultar con los maestros y orientadores escolares para que os ayuden a tomar una decisión
  • Si la trayectoria ha sido baja en cursos anteriores o el fracaso se produce en muchas áreas, se precisa una terapia especializada.
  • Si las dificultades se centran en áreas específicas, o en la adquisión de conceptos nuevos y de complejidad, un profesor particular les ayudará a mejorar y superar con éxito estas dificultades.
  • Por último, esta es una visión general. No debeis olvidar que cada persona tiene unas características particulares que hay que tener muy en cuenta.

Para terminar una nota de humor:

Carmen Marco

Psicóloga de aprenderT

Evaluaciones psicológicas y psicopedagógicas en niños y adolescentes

Parte de nuestro trabajo como psicólogos se centra en valorar las necesidades de los niños y adolescentes que acuden a nuestra consulta y cuyos padres han detectado alguna dificultad, por lo que hoy os explicaremos en qué consisten estas evaluaciones, cuándo son necesarias y qué objetivos persiguen. 

Primero haremos una distinción entre valoración psicológica psicopedagógica. En la primera de ellas lo que observamos y exploramos son aquellos aspectos relacionados con las emociones, la adaptación, rasgos de personalidad, autoestima, ansiedad, miedos, estados de ánimo, etc, es decir, aquellos aspectos más personales e íntimos del niño o adolescente. Por otra parte, las evaluaciones psicopedagógicas, se centran en la exploración de las aptitudes hacia el aprendizaje como, por ejemplo, la lectoescritura, las capacidades básicas (memoria, atención, etc) o los hábitos y rutinas de estudio, además de valorar también aspectos emocionales y personales como los que os hemos comentado en la valoración psicológica.  

El objetivo que tiene una evaluación tanto psicológica como psicopedagógica es averiguar cómo se encuentra un niño o adolescente en aquellos aspectos donde se han percibido ciertas dificultades y, averiguar así,  el origen o causa de esa problemática para poder tomar las medidas oportunas y poder solucionarlo. Para ello utilizamos determinadas técnicas, como test, dibujos, juegos, apoyados siempre en lo que observamos a nivel cualitativo y que da sentido a todos los datos que nos ofrecen las otras técnicas. 

No siempre es necesario hacer este tipo de valoraciones, por lo que es preciso mantener una entrevista previa donde poder orientar a la familia (para nosotros en aprenderT Psicología esta cita siempre es GRATUITA y SIN COMPROMISO). Pero sí podemos decir de forma general que es necesario valorar a un niño cuando desde el colegio o desde la familia comienzan a notar que las dificultades que observan están interfiriendo negativamente en diferentes áreas del niño, adolescente y/o en el clima familiar. 

Como ya os hemos comentado, siempre es necesario que conozcamos a la familia para saber el contexto y la situaciones en las que se desarrollan aquello que os preocupa, por lo que nuestra recomendación es siempre que solicitéis esta primera entrevista ya que os puede suponer un nuevo punto de vista que os calme y oriente en vuestra preocupación. Cuanto antes se detecte una posible dificultad o problemática en un niño, menos consecuencias negativas tendrá y por lo tanto su “recuperación” será más rápida. 

Carmen Marco Llana

Psicóloga de aprenderT

Técnicas de Estudio: estrategias para un mayor éxito escolar

Las técnicas de estudio son una de las bases para poder tener un buen éxito escolar. A veces podemos notar, sobre todo en los niños que comienzan a estudiar, que pasan muchas horas delante del libro y no les cunde, que no saben qué es lo importante y lo que no, y se agobian porque tienen una sensación de no entender lo que están estudiando, tendiendo a memorizarlo todo. En esos casos, lo que les ocurre es que no saben por donde empezar a estudiar y que, no vamos a engañar a nadie, estudiar no es una de las actividades más divertidas,  por lo que también les parece un mundo ya que no conocen las técnicas de estudio que existen. 

Estas técnicas son una serie de estrategias que nos ayudan a que el tiempo que dediquemos a estudiar sea efectivo y nos resulte lo más útil posible. No significa que aprendiéndolas, mágicamente, vamos a conseguir que estudiar sea divertido y saquemos un “10”, pero sí que no lo veamos como una montaña enorme donde sintamos que no vamos alcanzar la cima. 

Las más conocidas suelen ser: 

  • Lectura comprensiva: Cuando leemos tenemos que entender qué es lo que tenemos delante y centrarnos en lo que es relevante o no. Es decir no sólo leer mecánicamente sino estar comprendiendo el texto. Un ejemplo, ¿os ha pasado alguna vez ir leyendo un libro y acabar la página y no haberos enterado de nada porque estabais pensando en otra cosa? Eso sería no tener lectura comprensiva sino mecánica. 
  • Subrayado: Una vez que hemos entendido el texto vamos a subrayar lo que es más significativo y SOLO lo significativo. Si todo está subrayado… entonces ¿nos vale para algo?
  • Resúmenes y esquemas: Después, haciendo resúmenes y esquemas, vamos memorizando y asimilando aquello que tenemos que estudiar, ordenando las ideas en la cabeza y relacionando unas con otras. 

Sin embargo, la parte más importante y lo que nos va a motivar a estudiar es organizarnos y planificarnos adecuadamente. Y aquí entra en juego nuestra área personal ya que cada uno de nosotros tenemos diferentes características, intereses y circunstancias que nos llevan a organizarnos y planificarnos de diferentes maneras. 

Sobre los 8-10 años se pueden ir aprendiendo estas estrategias, pero esto no significa que siendo más mayor e incluso adulto no se puedan conocer y practicar. 

Si os apetece conocer estas estrategias y llevarlas a cabo, además de tener vuestro propio plan personalizado de estudio, os animamos a que probéis nuestro programa de Motivación y Técnicas de Estudio.

Carmen Marco Llana

Psicóloga Infantil y Juvenil

Qué son las cartulinas de Supernanny y para qué sirven

Últimamente nos llegan muchos papás a consulta y nos dicen… “nosotros vemos Supernanny y hemos intentado hacer lo de la cartulina…pero no nos funciona”

Hemos pensado que sería interesante explicar qué es “la cartulina” que utiliza Supernanny y para qué funciona y, además, daros unos cuantos consejos. 

Lo que suele utilizar Rocío, Supernanny en el programa de televisión, es parecido a una economía de fichas o programa de puntos. Consiste en un cuadrante donde anotamos o bien las cosas que queremos que realice el niño (como una especie de plan) o bien cosas por las que le daremos una serie de recompensas si las va cumpliendo. 

Este cuadro se realiza cuando conocemos bien al niño y a la familia, y queremos modificar, disminuir o aumentar algún comportamiento o conducta. Por ejemplo, que se meta en la bañera o que realice sus obligaciones (recoger sus juguetes y sus cosas personales) sin que sea una lucha y, también, que lo intente hacer de manera autónoma. 

Para realizar este tipo de técnica es necesario describir bien lo que queremos que el niño consiga. Por ejemplo, decir “portarse bien en el colegio” es un término muy amplio y ambiguo para el niño, lo que habría que hacer es decir qué es portarse bien (estar bien sentado en la silla, no pegar a los compañeros, acabar las tareas, etc.)

También es preciso saber cuál sería la “cantidad” adecuada de acciones que queremos que realice porque si le ponemos demasiadas consignas puede ser una meta demasiado alta para el niño, frustrándole y consiguiendo, tal vez, un efecto contrario. 

Al mismo tiempo los papás tienen que ser constantes y sistemáticos, esto es, repasar los puntos y acciones todos los días desde que nos hemos comprometido con el niño y utilizando siempre la misma balanza (es contraproducente que hoy, que estoy cansado, no repasemos la tabla o ponerle todo “muy bien” sin analizarlo con el pequeño). 

Hay que estar atentos también a la evolución que va teniendo el niño en cuanto a sus progresos y tener muy presente que el fin último de la tabla es QUE NO HAYA TABLA. Si vemos que el niño va consiguiendo determinadas cosas pero aparecen otras conflictivas habría que hacer un cambio en las consignas. 

Como podéis ver, manejar bien “la cartulina de Supernanny” no es algo fácil, por ello volvemos a insistir en que es muy necesario conocer bien a la familia y al niño. Para que resulte útil y eficaz, es preciso que tenga un seguimiento por parte de un profesional que calibre todas las características que os hemos comentado. 

Bajo nuestro punto de vista, consideramos que este recurso es muy potente y preferimos, por varias razones, utilizarlo como una de las últimas opciones. 

Una de ellas es que creemos que siempre podemos intentar que el pequeño cambie determinas conductas con otros métodos, por ejemplo elogiando lo que hace bien, por mínimo que sea, e intentar ignorar lo negativo, o sencillamente hablando con el niño y expresando de una forma serena vuestra preocupación. Además, así tampoco le hacemos desde un principio “dependiente” de una recompensa por todo lo que haga. 

Otra de las razones es que al ser una técnica tan potente, si el resultado es negativo, por una parte hemos desgastado al niño y a la familia y por otra, puede ser más costoso el cambio del comportamiento al variar de método. 


Por eso desde aprenderT os recomendamos que reflexionéis antes de actuar, que penséis serenamente qué es lo que queréis cambiar y utilicéis estrategias como el elogio o el ignorar una conducta negativa, y sí al final os decidís por utilizar esta técnica, pedir asesoramiento a un profesional. 

 

Carmen Marco

Psicóloga Infantil y Juvenil